Era una apasionada de los zapatos, y una tarde paseando se detuvo delante de una zapatería al ver en el escaparate unos zapatos de fiesta
Acto seguido entra y pregunta.
—Buenas tardes, que desea la señora
—Me gustaría probar esos zapatos comenta señalando los que había visto.
—¿Qué número calza ?
—El cinco, pero también me puede servir el seis
La dueña del local se marcha al almacén en busca del número mientras ella se sienta a esperar. Al momento entra un apuesto joven y se pasea por la tienda mirando los zapatos expuestos. Pasado un buen rato el hombre se impacienta y la mujer le comenta que está esperando a que le traigan unos zapatos para ella.
—Pues si que tarda la mujer , comenta el joven ,¿ donde habrá ido a buscar sus zapatos ?
—No lo sé, pero se está retrasando mucho.
—¿ Que zapatos son los que usted desea?, le pregunta el joven
La mujer le señala los que estaban en el escaparate y al verlos responde:
—Son preciosos, parecen de cristal, muy propios para ir de fiesta.
La dueña del local sigue sin aparecer y cansados de esperar la mujer recibe del joven una señal de complicidad , se calza los zapatos del escaparate y sale corriendo. En su fuga se le cae uno y el joven que va detrás de ella lo recoge y desaparece.
Al día siguiente se les ve a los dos paseando felizmente de la mano mientras ella luce en sus pies los zapatos robados.
Como una especie de Cenicienta que encuentra la horma de su zapato en un centro comercial. Calzado, amor y robo, las tres patas del banco.
ResponderEliminarVaya par de dos. Así empezarían Bonnye & Clyde. Digo yo.
Saludos.
Una diáfana y cristalina complicidad, paso a paso, desde el comienzo de la relación. Saludo.
ResponderEliminarque le habra pasado a la que atendia el local, porque demoro tanto? sin esa demora no se habria consumado el robo
ResponderEliminarA pesar del "robo", es una bonita historia. La magia de los zapatos, les unió.
ResponderEliminarUn beso. Feliz nuevo año.
Prometedor futuro para ambos en el campo de la política.
ResponderEliminarDivertido relato, Puri.
Un abrazo.
Y los dos tan contentos. Bonita historia. Un abrazo
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