Cuando volvimos ya nada era igual, las casas se habían convertido en un amasijo de piedras y cristales, y los árboles que adornaban las calles habían sido pasto del fuego.
| Imagen de internet |
Cuando volvimos ya nada era igual, las casas se habían convertido en un amasijo de piedras y cristales, y los árboles que adornaban las calles habían sido pasto del fuego.
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Cuando sonó el despertador Laura se incorporó nerviosa desconectó la alarma y observó a su marido que se había desplazado hacia el centro de la cama y dormía profundamente dentro de su pijama arrugado y azul.( Juan José Millás,.El desorden de tu nombre. capitulo 3 primer párrafo).
Lentamente posó su mirada por cada parte de su cuerpo, primero se detuvo con calma sobre su boca aquella que la hacía enloquecer cuando recibían sus besos ,la misma sobre la que posaban los besos que le daba a sus hijos ,y la misma que cuando hablaba todos atendían .
Disfrutaba viendo como dormía, en un segundo su cuerpo se movió , dio la vuelta y su brazo la rodeó como solía hacer cuando ponían el punto final a una noche de pasión.
—¿Laura que hora es, no ha sonado el despertador ? pregunta mientras se incorpora y busca son su mirada la respuesta. ¿Laura despierta que ha pasado ?.
—Que va a pasar que nos hemos quedado dormidos , responde la mujer al tiempo que se levanta y gira la vista hacia él , y es entonces cuando ya no ve aquellos pectorales, ni aquella boca que la hacía enloquecer, ni el miembro que tanto ansiaba poseer dentro de su caverna , el tiempo se los había robado.
—Cariño a ver cuando te animas a ir al gimnasio , me prometiste que volverías .
—Lo intentaré pero no te prometo cuando
—Siempre me dices lo mismo , responde ella al tiempo que se aleja camino de la cocina.
Al salir de su casa como todos los días a trabajar nuestro protagonista, se dio cuenta que estaban en obras en su calle y le obligaban a cambiar de acera.
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—¡¡Manos arriba, esto es un atraco!!
Dos hombres encapuchados entran en el banco apuntando con unas pistolas y dirigiéndose a todos los que allí estaban a voz en grito uno de ellos dice:
—Entreguen todo lo que tengan entre manos, metan en esta bolsa, joyas , relojes , dinero.
El otro se dirige a la ventanilla y dice:
— Y tú no pulses la alarma o la cosa será peor y es ahí cuando tropieza con nuestro protagonista
—¿Tú pringao, que tienes ahí en la mano?
—Nada , nada un papel
—¿Déjame ver que es?
—Parece que te ha visitado la suerte, pues mira tú, que la suerte ya no es para ti.
El hombre coge el papel y lo mete en la bolsa con todo lo demás .
Al rato se escucha una alarma y todos se ponen a gritar.
—!!!He tú te dije que no tocases la alarma¡¡
—Yo no fui , yo no fui, sería el director , yo no tengo acceso a la alarma os lo juro
De lejos es escuchan las sirenas de la policía
—Vámonos de aquí, que nos va a pillar la pasma.
Los dos atracadores cogen la bolsa con el botín y escapan en un coche que los estaba esperando.
Al entrar la policía en el banco se percata de que los atracadores habían huido y deciden atender a los clientes que atónitos no entienden lo sucedido, mientras le relatan que les robaron joyas y algo de dinero que tenían para ingresar en el banco.
Nuestro protagonista le dice que les entregó el boleto de la lotería que estaba premiado y estos le preguntan como puede identificar que es suyo, a lo que éste le responde que tenía escritas sus iniciales en el reverso.
La policía abandona el local y les dice que tendrán noticias si encuentran a los atracadores. Pasados unos meses les informan que los han encontrado al querer estos cobrar el décimo de la lotería.
Nuestro protagonista vuelve a creer en el destino al ver hecho realidad sus sueños.
Nos conocimos una noche de Carnaval yo iba disfrazada de princesa y el de diablo.
La verdad el chico estaba muy bien le quedaba perfecto el disfraz, con aquellos cuernos ,aquel rabo y un tridente en la mano andaba por la discoteca buscando a quien enganchar.
Fue sin querer o cosa del destino que su tridente se enganchara en mi traje y después de un breve diálogo acabamos en la cama
Cuando se quitó el disfraz , exclamé ¡Dios que tienes ahí chico ,eso es algo demoníaco.!
— No nombres a ese delante de mi.
Sorprendida no supe que decir y nos pusimos manos a la obra. En medio de la vorágine del sexo yo no paraba de exclamar, ¡¡Dios sigue así , no pares!! .Cuando terminamos me dijo :
—Te rogaría que no mencionases nunca más a ese.
—¿A quien te refieres?
—A ese al que acabas de nombrar.
—Pero que te pasó.
—Que por su culpa me veo así destronado.
Conforme me estaba hablando me fije que el blanco de los ojos era rojizo lo que me llevó a pensar si sería cosa de la vorágine del sexo.
—Una pregunta, de verdad me estas diciendo que tú ,eres ese al que el otro echo de su reino y lo envió a los infiernos.
—Si y por favor no me eches de tu lado, que si lo haces, vagaré en soledad toda la eternidad. Con estas palabras me robo el corazón y desde entonces vivimos felices y de vez en cuando comemos perdices.
( 250 Palabras )
Juanito era un joven al que le gustaba la aventura, pero en su vida todo era subir y bajar siempre al servicio de su madre que no paraba de dar órdenes.
—Juanito vete al campo y coge de todo lo que veas por ahí que hace falta comida en casa .
—Juanito tienes que ir al puerto a ver si consigues algo que pescar para poder comer.
Así día tras día ,Juanito siempre volvía con algo con que satisfacer a su madre y aplacar el hambre de todos
Un día corrió la voz por el pueblo , que un hombre iba a conquistar las Américas y necesitaba hombres valientes para surcar los mares en sus navíos. El tal hombre al que llamaban Cristóbal Colón había sido recibido por sus Altezas Reales los Reyes de Castilla, Isabel y Fernando y le habían prometido ayuda para llevar a cabo la contienda junto con los hermanos Pinzón
Juanito no lo dudó más y se presentó para formar parte de esa tripulación. En el proceso de selección se pedía que el candidato fuese un hombre rudo y valiente dispuesto a soportar todo tipo de adversidades.
Cuando se enteró su madre lloro días y días, pensando en que nunca mas lo volvería ver.
—No lloréis madre, que volveré cargado de riquezas, le respondió el joven Juanito cuando la mujer envuelta en lágrimas le despidió.
—¿He tú mozalbete que haces aquí?, le increpa un hombre señalándole , esto no es para ti, aquí hacen falta hombres fornidos y aguerridos marineros.
—Deja que siempre nos puede hacer falta, le responde otro que pasaba por allí. Lo quiero yo para la Carabela la Pinta
—De acuerdo señor, a sus órdenes.
Juanito sorprendido pregunta quien era aquel hombre que lo había aceptado y se entera que era el Capitán Alonso Pinzón de la carabela la Pinta
Una vez zarparon a la mar, a Juanito se le dijo que se subiera al palo mayor para que vigilara y cuando avistara tierra tenía que gritar “ Tierra a la vista”. Solo debía de bajar para comer y dormir.
Habían pasado muchos, muchos días y la tripulación , sin nada que llevarse a la boca ,apenas conseguía mantenerse en pie mientras esperaban con ansia esas palabras que Juanito debía de pronunciar y que no daban llegado a sus oídos.
Una mañana cuando el hambre había ocupado sus estómagos , las fuerzas se habían ido por la borda, y la desesperación reinaba en la mente de todos se escuchó una voz en la lontananza que les dijo” Tiburón a la vista “ ,hay comida venga a trabajar gandules si queréis comer.
No era la voz de Juanito, era la voz del capitán Alonso Pinzón que viendo que su tripulación desfallecía les dio permiso para cazar al tiburón y así satisfacer sus estómagos vacíos.
Tuvieron que pasar muchos, muchos días más para que Juan Rodríguez Bermejo ( Juanito ), lanzara la voz de “ TIERRA A LA VISTA “ .
Lo que había avistado era una pequeña isla del archipiélago de las Lucayas ( Bahamas ) y que Cristóbal Colón llamó San Salvador.
Con estas palabras la aventura del nuevo mundo estaba servida
Acto seguido entra y pregunta.
—Buenas tardes, que desea la señora
—Me gustaría probar esos zapatos comenta señalando los que había visto.
—¿Qué número calza ?
—El cinco, pero también me puede servir el seis
La dueña del local se marcha al almacén en busca del número mientras ella se sienta a esperar. Al momento entra un apuesto joven y se pasea por la tienda mirando los zapatos expuestos. Pasado un buen rato el hombre se impacienta y la mujer le comenta que está esperando a que le traigan unos zapatos para ella.
—Pues si que tarda la mujer , comenta el joven ,¿ donde habrá ido a buscar sus zapatos ?
—No lo sé, pero se está retrasando mucho.
—¿ Que zapatos son los que usted desea?, le pregunta el joven
La mujer le señala los que estaban en el escaparate y al verlos responde:
—Son preciosos, parecen de cristal, muy propios para ir de fiesta.
La dueña del local sigue sin aparecer y cansados de esperar la mujer recibe del joven una señal de complicidad , se calza los zapatos del escaparate y sale corriendo. En su fuga se le cae uno y el joven que va detrás de ella lo recoge y desaparece.
Al día siguiente se les ve a los dos paseando felizmente de la mano mientras ella luce en sus pies los zapatos robados