sábado, 10 de octubre de 2026

LA CARTA

Cuando recibió la notificación del obispado informándole de cual  era su destino no pudo hacer nada para cambiarlo, era un siervo del Señor y tenía que acatar las órdenes de sus superiores, hubiera preferido ser enviado a una parroquia en una gran ciudad y no como  capellán a las órdenes del señor del pazo.

Al bajar del tren nadie lo fue a recibir , preguntó en la estación cómo llegar y fue así como encontró su destino.
Enseguida corrió  la voz por el pueblo que el nuevo capellán era un sacerdote joven y guapo  lo que hizo subir su popularidad.
—Ese sacerdote en ese lugar con esa mujer como dueña y señora es un peligro para él ,no olvidemos  lo que pasó con su antecesor ,comenta el alcalde del pueblo  mientras  juega al mus en el bar con algunos vecinos
—Aquello que se dijo en su dia no pudo demostrarse, las sospechas sobre lo que pasó quedaron ocultas ,comenta alguien del grupo. 

Don Tomás que era así como se llamaba el dueño del pazo en el que iba a ejercer como capellán el padre Andrés, lo  recibió  como a  un miembro más del personal  a su servicio.
 Su labor consistiría en decir  misa en la capilla del pazo los domingos y atender las labores espirituales de la familia  ,los trabajadores del pazo , y  los vecinos del pueblo.
Después de enseñarle todas las dependencias y a toda la servidumbre  ,lo llevó hasta el  salón principal y fue allí donde se la presentó.
—Y para terminar le presento a Juana mi joven esposa y señora del pazo y a mi hijo y heredero.
Ante los ojos de Andrés pudo ver a la mujer más hermosa que había visto en su vida, con un  bebé en brazos
Ésta dócilmente le tendió la mano y  acto seguido se aleja sin decir nada.
—Si usted me lo permite me gustaría retirarme ,comenta Andrés mientras dirige sus pasos hacia la puerta.
—Permiso concedido, responde Don Tomas, mientras le indica con su mano la salida.

Los días siguientes  fueron de adaptación y conocimiento del pueblo lo que hizo crecer su simpatía entre todos .
Fueron pasando los meses y Andrés recibía todas las mañanas en confesión a los feligreses y para su sorpresa un día estando en el confesionario escuchó:
—Buenos días padre vengo a confesar  humildemente mis pecados.
Andrés pudo ver a través de la rejilla a Juana la señora del pazo.
—Dime mujer  lo que te aflige ,que el Señor sabrá perdonarte después de tu acto de contrición.
La mujer le fue contando sus pecados y al final se dirige  a cumplir su penitencia en un banco de la iglesia.
Lo que pudo oír en  boca de aquella mujer era secreto de confesión y como tal debía olvidarlo .
Una tarde Andrés  de regreso al pazo al pasar por el pasillo  escuchó :
.-¡Tú te vas a callar si no volverás a la calle , donde te encontré y serás la presa ideal para muchos hombres deseosos de un cuerpo como el tuyo al que usar !!
Temeroso de que alguien  pudiera verlo   , aceleró el paso hacia la sacristía.
 Una vez allí se tranquiliza y aprovecha para poner orden. Poco a poco fue tirando papeles y entre ellos encontró una carta dirigida al obispo. De forma inconsciente la abrió y leyó su contenido.
Ahora entendía , que  lo dicho en su día  sobre la muerte del padre Anselmo no fuera un desliz el que lo había precipitado al vacío, sino que  había sido él mismo quien decidiera  tirarse desde el acantilado al no poder librarse  de la tentación que suponía el amor  prohibido de aquella mujer . En la  carta confirmaba su drástica decisión. Tenía que hacer algo para que la verdad saliera a la luz .

Inducir  a un suicidio , tal y como se desprendía de lo escrito en la carta era un delito y esto    no debería quedar así, tenía que  hablar con esa mujer. 
Después de varios intentos se dio cuenta  que cuando se acercaba , ella  lo rehuía .Esto  le hizo sospechar que se sentía culpable de todo  lo  acontecido.  Ahora comprendía la amargura de aquella mujer cuando le confesaba sus pecados .
Buscó información en el pueblo pero todos daban por cierta la versión ya existente,  dándose cuenta del poder que el señor del Pazo ejercía en los vecinos,  al corroborar   uno tras otro que la muerte fuera causada por un desvanecimiento lo que le hizo deslizarse por el acantilado y perder la vida. Todo esto  fue afirmado por las autoridades   en su día ante el cuerpo sin vida de su antecesor.
Fue a visitar al obispo y le entregó la carta, y la respuesta de éste fue.
— Hermano no quieras ensuciar la memoria de quien ya  no está con nosotros.


                            









No hay comentarios:

Publicar un comentario